Cría

La impronta o imprinting es como se denomina al breve periodo de tiempo en el que el cachorro inicia la exploración sensorial, interacción con el entorno y relación con sus congéneres. Durante esta etapa, el cachorro aprenderá a identificarse con los de su especie, comunicarse con ellos, comprender su lenguaje gestual y, mediante la observación, se aventurará a imitar los distintos comportamientos que presentan los adultos que son su referencia. Aprenderá quien es y como debe relacionarse con los de su especie para ser, en el futuro, un perro sociable y equilibrado.

Esta fase suele desarrollarse entre la tercera y la octava semana de vida y será decisiva para determinar el comportamiento que presentará el individuo durante el resto de su vida. Si bien el periodo de impronta no tiene unos límites fijos estrictamente establecidos, sí que existe lo que se denomina periodo de máxima susceptibilidad, es decir, cuando el cachorro está más sensible y receptivo, lo que le facilita en gran medida asimilar toda la información que va recopilando a través de la exploración y relación con otros perros e ir desarrollándose adecuadamente.

La relación con su madre y hermanos es crucial en esta etapa

Será mediante los juegos, la observación y la imitación como el perro aprenderá a comportarse y relacionarse correctamente con sus congéneres. Así, para que el cachorro tenga una correcta impronta, se aconseja que permanezca junto a su madre y hermanos hasta las ocho o diez semanas de edad salvo causa mayor, como por ejemplo cachorros abandonados.

Se suelen oír excusas del tipo “la madre ya los ha destetado” (el destete no tiene nada que ver con la impronta), “es que ha tenido muchos y unos no dejan mamar a los otros” (un buen criador siempre se preocupará de rotar a los cachorros para que todos se alimenten correctamente, o en su defecto, ayudará con tomas en biberón), “yo tengo otro perro, él le enseñará a ser perro” (“otro perro” no es su madre, no se puede comparar), “cuanto más pequeñito mejor se adaptará a vivir con nosotros” (las carencias que eso le supondrá al perro no compensan, y puede desarrollar fácilmente problemas como hipervinculación hacia los propietarios), “el chico que tiene la camada se va de viaje y no los puede atender” (de ser así es que no se trata de la persona ideal a quien comprarle un perrito, un buen criador planifica las camadas para poder dedicarle todo su tiempo y atención)…

Si el cachorro es separado de la camada de forma prematura, se interrumpe drásticamente su periodo de impronta y se le priva de la etapa más importante de toda su vida, ya que será la impronta o carencia de ésta un factor determinante en el comportamiento futuro del animal en su fase adulta. Un perro que no haya tenido la oportunidad de aprender a comunicarse con otros perros y a conocer su lenguaje gestual, de adulto será un perro con dificultades para relacionarse y comunicarse con otros perros, mostrándose inseguro y poco sociable.

Cuando el cachorro ha tenido una correcta impronta será capaz de superar incluso experiencias negativas con otros perros, ya que éstas no le impedirán seguir socializando con normalidad con los demás canes y sentir la necesidad e interés por relacionarse con ellos. Sin embargo, si carece de impronta simplemente no se sabe comunicar, no comprende a los otros perros y no sabe hacerse entender, por lo que la presencia de otros perros es intimidante y le produce miedo, inseguridad e incomodidad, problema que arrastrará el resto de su vida. Con paciencia y un buen trabajo de socialización, lograremos que nuestro perro tolere la presencia de otros perros, pero nunca será abierto y sociable, siempre tendrá tendencia a rechazar relacionarse con ellos.

Esto mismo también es aplicable a su relación con las personas, si durante su periodo de impronta no ha tenido contacto humano tendrá serias dificultades para comunicarse con nosotros, para entendernos y tendrá tendencia a ser desconfiado y poco sociable con las personas, por eso es importante que el criador se implique en este aspecto y exponga a los cachorros a distintos tipos de personas de todas las edades para que se acostumbre a su presencia y manipulación, siempre progresivamente y sin agobiarle.

La sociabilización

Una vez el cachorro pasa a formar parte de nuestra familia, nosotros hemos de continuar con la tarea de sociabilización desde el primer momento que llega a casa. Es importante saber que no debemos consolarlo constantemente cuando se asuste, hay que darle tiempo para que aprenda por sí solo que las cosas que le asustan no son peligrosas para él.

Siempre hay que tener especial cuidado con la salud del perro puesto que al ser tan pequeños son más vulnerables, pero no debemos dejarlo encerrado en casa hasta finalizar el período de vacunación, se le puede sacar en brazos y dejarlo explorar y corretear en zonas seguras y limpias, con perros que nos sean conocidos y estén sanos con todas sus vacunas al día. Es preferible correr ese mínimo riesgo de sacarlo a la calle sin vacunar que tener que solucionar luego problemas de miedo e inseguridades.

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